WASHINGTON (EFE).- La defensa de Donald Trump del salón de baile que impulsa en la Casa Blanca devolvió al centro de la escena una controversia institucional: la obra, que incluyó la demolición del Ala Este por decisión unilateral del mandatario, permanece bajo revisión judicial por carecer de una autorización específica del Congreso.
Este sábado, Trump comparó el proyecto con el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, al que visitó en dos ocasiones durante su reciente viaje a China a mediados de mayo, y lanzó críticas contra quienes buscan frenar la construcción. En un mensaje, aseguró que el salón es “muy grande y hermoso” y atacó a los demócratas, mientras difundía una imagen junto al presidente chino, Xi Jinping.
Sin embargo, la cuestión de fondo sigue siendo el alcance del poder presidencial sobre una intervención polémica en la Casa Blanca. En marzo, un juez federal detuvo parcialmente las obras tras una demanda de una asociación para la conservación de monumentos en Washington y determinó que Trump no tiene autoridad para seguir adelante sin el visto bueno del Congreso. Aunque esa orden fue suspendida de manera temporal por un tribunal federal de apelaciones, esa instancia deberá resolver a principios de junio si mantiene o levanta el freno judicial.
