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José Antonio Rodríguez vuelve al Teatro Nacional con un formato íntimo que reabre el debate sobre las prioridades culturales

agosto 18, 2026 · Redactor
José Antonio Rodríguez vuelve al Teatro Nacional con un formato íntimo que reabre el debate sobre las prioridades culturales
Foto: listindiario.com

Las funciones del 3 y 10 de septiembre en el Bar Juan Lockward colocan otra vez en primer plano la necesidad de vigilar cómo se sostiene la escena cultural más allá del discurso

José Antonio Rodríguez regresará a los escenarios con “Como un bolero”, una propuesta que tendrá dos funciones, los días 3 y 10 de septiembre a las 8:30 de la noche, en el Bar Juan Lockward del Teatro Nacional Eduardo Brito. El montaje, presentado como una experiencia musical de poesía, memoria y nuevas propuestas, vuelve a poner sobre la mesa el contraste entre la exaltación del talento dominicano y la discusión pendiente sobre el respaldo real a una escena cultural que depende de espacios puntuales y de la respuesta del público.

El concierto, concebido en una línea íntima para resaltar la palabra y el pensamiento dentro de la canción, contará con dirección musical de Alex Mansilla y el acompañamiento de David Vásquez en el bajo, Otoniel Nicolás en la percusión y Ronny Cruz en el teclado. Las boletas están disponibles en la boleteria.com.do del Teatro Nacional. La producción promete un repertorio de canciones emblemáticas y nuevas composiciones, además de invitados sorpresa. “Este tipo de puestas buscan recordar el valor del talento con oficio y profundidad en la escena cultural dominicana”, afirmó Rodríguez. “Queremos que la letra ocupe el centro de la escena”.

La trayectoria del cantautor, nacido en La Romana, incluye sus inicios en Onda 73, Los Paymasí y Grupo Módulo, así como el primer lugar en el Festival de la Canción organizado por la Asociación de Músicos de la República Dominicana en 1984 y su reconocimiento en el Festival Internacional de Viña del Mar en 1986 con “Para Quererte”. Ese recorrido refuerza una señal de alerta sobre la necesidad de fiscalizar que el reconocimiento al oficio no se quede en homenaje o narrativa, sino que tenga continuidad efectiva en la vida cultural del país.