El Kremlin negó este jueves que Rusia tenga planes de atacar a algún país de la OTAN, pero el desmentido llegó en medio de nuevas alertas en Europa y de una guerra en Ucrania que Moscú insiste en sostener bajo la llamada “operación militar especial”. El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, rechazó las versiones sobre una eventual ofensiva contra la Alianza Atlántica y afirmó que esas informaciones “no tienen nada que ver con la realidad ni con las intenciones de la Federación Rusa”.
La declaración oficial, sin embargo, coincide con un contexto de creciente tensión. Medios occidentales han vinculado esos temores con el reciente viaje a Rusia del director de la CIA, John Ratcliffe, en el marco de contactos relacionados con la guerra en Ucrania. A la vez, autoridades de Alemania, Rumanía, Polonia y países bálticos han denunciado en las últimas semanas la presencia o impacto en sus territorios de drones que atribuyen a Rusia, un contraste que mantiene abiertas las exigencias de control y explicaciones.
Peskov sostuvo que Moscú preferiría alcanzar sus objetivos por medios pacíficos, aunque defendió la continuidad de la ofensiva en Ucrania por razones de seguridad e intereses rusos. En paralelo, el Kremlin trasladó la responsabilidad de la escalada a Europa: Peskov habló de una política “muy agresiva” de los países europeos y la portavoz de Exteriores, María Zajárova, exigió al Reino Unido abandonar lo que llamó “pasos hostiles”, con la advertencia de consecuencias “catastróficas”.
