La economía dominicana registró un crecimiento de 4.5 % en los primeros siete meses del año, de acuerdo con el Banco Central, en una mejoría frente al desempeño de 2025. Sin embargo, la cifra agregada también deja ver una brecha que obliga a mirar más allá del relato de expansión: las actividades vinculadas de manera directa con la producción y el empleo siguen avanzando por debajo del promedio.
Entre enero y julio, la manufactura local subió 3.4 % y la agropecuaria apenas 2.4 %, mientras construcción, hoteles, transporte y varios servicios se ubican por encima o cerca de la media. Esa diferencia importa porque no solo redefine dónde se concentra la expansión, sino también a cuántas familias alcanza y qué capacidad tiene para sostener encadenamientos en territorios donde dependen agricultores, productores y trabajadores industriales.
Las señales del empleo refuerzan esa advertencia. Al cierre de 2025, agricultura y ganadería registraban 33,573 ocupados menos que un año antes, y la industria 15,491 menos. Además, en el primer trimestre de 2026, de los 118,631 nuevos ocupados netos, 98,127 correspondieron a empleos informales. El panorama marca un contraste entre el promedio nacional y la realidad de sectores clave, y abre espacio para una fiscalización más estricta sobre la calidad del crecimiento y sus efectos reales en producción, ingresos y estabilidad laboral.
