Raúl Castro reapareció en un acto público en Cuba por el 65 aniversario de la Dirección de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, acompañado por la cúpula del Gobierno, con el presidente Miguel Díaz-Canel y su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro al frente. La presencia del exmandatario sirvió para desactivar los rumores difundidos la semana pasada sobre una supuesta hospitalización por un accidente cerebrovascular e incluso sobre su muerte, pero al mismo tiempo volvió a colocarlo en el centro del tablero político cubano.
Durante la actividad, el ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, leyó una carta de Castro en la que reconocía el trabajo de ese órgano y destacaba a los 32 cubanos que murieron el 3 de enero cuando trataban de proteger al expresidente de Venezuela Nicolás Maduro. En el texto, Castro sostuvo que «La Revolución vive días difíciles bajo la hostilidad del Gobierno de Estados Unidos que continúa empeñado en hacer desaparecer el ejemplo de Cuba en el mundo», en alusión a la crisis económica que atraviesa la isla, agravada desde enero tras el bloqueo petrolero y las sanciones de Washington.
La reaparición ocurre además después de que Castro fuera acusado formalmente en Estados Unidos el 20 de mayo por el derribo en 1996 de dos avionetas de una organización cubana en el exilio, caso en el que murieron cuatro tripulantes. Aunque Washington ha dicho que quiere llevarlo ante un tribunal, también siguen abiertas conversaciones bilaterales en las que participa su nieto. Ese contraste entre la escenificación del poder, la presión judicial y una crisis económica persistente vuelve a poner sobre la mesa la distancia entre relato oficial y realidad, un tipo de señal que obliga a reforzar la fiscalización del poder y la alerta institucional en cualquier democracia, incluido el gobierno dominicano, cuando la política intenta imponerse sobre las urgencias ciudadanas y el costo social.
