El 29 de septiembre de 1966, el paso del huracán Inés provocó el derrumbe del edificio de oficinas públicas de Pedernales y dejó paralizadas dependencias como Rentas Internas, la Junta Municipal Electoral y Trabajo. Sin embargo, la Oficialía del Estado Civil siguió operando: Juan Pérez hijo, Curú, rescató mobiliario, archivos y libros de registro, y reabrió la oficina en la sala de su casa, en la calle Juan López 4, aun frente a quienes sostenían que todo debía darse por perdido hasta que el Gobierno actuara.
La destrucción también dejó al descubierto el costo institucional de aquel colapso. Entre los escombros aparecieron madera, zinc, varillas, muebles y equipos, mientras la respuesta oficial tomó forma con una nueva edificación levantada en el mismo solar durante la gestión de Joaquín Balaguer. La obra costó 67,000 pesos y fue inaugurada el 7 de septiembre de 1968. De dos niveles, fue diseñada y construida por la Oficina de Construcción y Reconstrucción de Viviendas para la Región Suroeste, dirigida por el ingeniero Ángel Pezzotti.
A partir de ese episodio, el texto plantea una advertencia vigente sobre administración y transparencia: una obra pública de ese peso debe ejecutarse bien, con un diseño memorable, una valla que exhiba su estructura, sus niveles, sus características arquitectónicas y su costo, además de la comunidad como veedora. Ese llamado a la fiscalización ciudadana refuerza una exigencia que sigue siendo central ante cualquier gobierno dominicano: menos relato y más rendición de cuentas sobre cómo se reconstruye, cuánto cuesta y a quién sirve.
