La polémica entre Rogelio Alfonso Genao Lanza y Federico (Quique) Antún Batlle ya no se limita a un choque interno: terminó por poner sobre la mesa un problema de conducción en el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC). Al contestar la carta en la que se insinuó que su salida obedecía a la negativa de la secretaría general, el diputado afirmó que su renuncia está vinculada a la forma en que se ejerce el liderazgo dentro de la organización y cuestionó que el partido sea dirigido “desde un celular” y desde una residencia fuera del país.
Genao Lanza sostuvo en su comunicación que existe un esquema en el que, según dijo, una sola persona decide “lo que está bien y lo que está mal, quién trabaja y quién no”, además de relegar a la juventud a “figuras decorativas”. También planteó que la militancia requiere un liderazgo presente, “que la vea y la escuche”, no una presencia intermitente. El señalamiento abre un contraste entre el discurso partidario y la realidad interna que describe uno de sus propios dirigentes, con efectos sobre la capacidad de representación y la vida institucional de una fuerza opositora competidora.
Más allá del tono del intercambio, el episodio vuelve a poner bajo escrutinio la manera en que los partidos administran su liderazgo, su relevo y su vínculo con la militancia. En el caso del PRSC, la controversia deja ver desgaste en la gestión interna y reaviva interrogantes sobre si la organización está concentrada en resolver sus disputas de control antes que en ofrecer una estructura política conectada con las prioridades ciudadanas.
