La Habana.- En medio de las crecientes amenazas del presidente de EE. UU., Donald Trump, el Gobierno cubano ha apelado a la legalidad internacional y ha destacado su apoyo interno y externo. Sin embargo, esta respuesta pone de manifiesto la desconexión del poder cubano con la realidad que enfrenta el pueblo, que sufre las consecuencias de las sanciones y la presión económica estadounidense.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha calificado las amenazas de Trump como una agresión militar sin precedentes, sugiriendo que la comunidad internacional debe actuar. Sin embargo, este llamado a la acción contrasta con la falta de resultados tangibles en la gestión interna, donde la población sigue lidiando con problemas económicos y sociales profundos. La retórica del Gobierno cubano parece más enfocada en desviar la atención de sus propias falencias que en ofrecer soluciones efectivas a los ciudadanos.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, también ha señalado que las acciones de Trump buscan satisfacer a un pequeño grupo de élites, lo que subraya la necesidad de una vigilancia constante sobre el poder y sus decisiones. La advertencia de que cualquier intervención militar enfrentará resistencia suena a un intento de cohesionar a la población, pero plantea interrogantes sobre la capacidad del Gobierno para garantizar la seguridad y el bienestar de los cubanos en un contexto de creciente presión externa y desafíos internos.
