Este jueves, el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, aseguró que las tensiones con China han bajado, tras la escalada desencadenada por la detención de barcos con bandera panameña en puertos del país asiático. Su declaración se produce después de que el propio mandatario denunciara que la inmovilización de naves había aumentado de forma «exponencial» y anormal, en un episodio que expuso el impacto externo de una disputa ligada a decisiones institucionales dentro de Panamá.
De acuerdo con el presidente, China endureció los controles a los buques panameños luego del fallo de la justicia panameña que anuló en enero el contrato por el que Panama Ports Company (PPC), filial de la hongkonesa Hutchison, operaba dos terminales en las entradas del canal de Panamá. Mulino sostuvo que esa retención respondió a presiones políticas de Pekín por la sentencia judicial y reconoció ahora que el número de embarcaciones retenidas ha bajado «algo».
Mulino calificó como «un gran paso» un mensaje que, según dijo, el gobierno chino envió recientemente a Panamá para buscar una salida en tribunales internacionales. Pese a ello, el episodio deja abiertas preguntas sobre los costos de la escalada para los buques mercantes panameños y sobre la necesidad de mantener vigilancia institucional ante conflictos que terminan afectando operaciones clave del país.
