El repunte de los suicidios en Centroamérica y el Caribe vuelve a someter a escrutinio la capacidad de respuesta de los sistemas públicos de salud mental. De acuerdo con datos regionales, las Américas son la única región del mundo donde las tasas de suicidio aumentaron en las últimas dos décadas, con una subida de 17% entre 2000 y 2021 y más de 100,000 muertes registradas solo en 2021, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En América Latina y el Caribe se contabilizan aproximadamente 65,000 muertes anuales por esta causa.
El panorama regional reúne más casos, marcadas disparidades entre países y servicios que operan con recursos mínimos frente a una demanda en aumento. Centroamérica presenta una tasa promedio de 5.3 suicidios por cada 100,000 habitantes, con tendencia al alza en el período analizado. Honduras concentra una de las expresiones más graves: entre 2014 y 2022, el Comisionado Nacional de Derechos Humanos reportó 3,275 suicidios, mientras que la última década cerró con 4,387 muertes acumuladas, según datos del Sistema Estadístico Policial en Línea (SEPOL) y el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Si bien en 2024 Honduras registró 487 suicidios, una disminución de 13.7% frente a los 564 casos de 2023, la presión social y sanitaria continúa siendo alta. El primer trimestre de 2025 terminó con 107 muertes, más de una por día, y la tasa nacional pasó de 5.0 suicidios por cada 100,000 habitantes en 2012 a 6.6 en 2023. En ese marco, la salida del fenómeno del mapa oficial de salud en Nicaragua y el hecho de que Costa Rica alcance su cifra más alta en diez años refuerzan el contraste entre la magnitud del problema y la debilidad de las respuestas institucionales.
