La primera entrega de la encuesta Gallup-Diario Libre vuelve a poner sobre la mesa una contradicción políticamente relevante: mientras una parte importante de la ciudadanía mantiene una percepción negativa sobre la economía, la gestión del presidente Luis Abinader conserva una alta valoración positiva. Más que un dato anecdótico, esa brecha obliga a observar con mayor rigor el contraste entre el respaldo político y los resultados concretos en la vida diaria.
Según el texto, esa paradoja responde a un cuadro de problemas estructurales que sigue sin resolverse: altos niveles de informalidad, salarios por debajo del costo promedio de la canasta básica familiar para casi setenta por ciento de los trabajadores formales, elevado gasto de bolsillo en salud, limitaciones del Seguro Familiar de Salud, pensiones enfermas, desorden del tránsito, déficit de infraestructura vial y altos niveles de corrupción. Ese «Estado del malestar» retrata una realidad social que desborda el discurso oficial y refuerza la necesidad de fiscalización sobre la capacidad del poder para responder a las prioridades ciudadanas.
La propia serie histórica de Gallup, de acuerdo con lo que recuerda el artículo, muestra que este patrón no es nuevo. En febrero de 2016, 61.5% de los dominicanos consideraba mala la situación económica y solo 15.7% tenía una percepción positiva, con niveles de pesimismo de 62.8% en la zona metropolitana, 60.9% en la región este, 59.5% en el norte y 62.9% en el sur. Aun así, la popularidad de Danilo Medina se mantenía alta. La comparación sugiere una alerta institucional: la aprobación de un mandatario no equivale por sí sola a bienestar social, y menos cuando persisten carencias que afectan de forma directa a la población.
