El cáncer de mama sigue siendo uno de los mayores desafíos de salud pública para las mujeres y, en República Dominicana, las cifras retratan una alerta que va más allá del llamado individual a hacerse una mamografía. La incidencia y la mortalidad se mantienen altas, mientras una gran parte de los casos se detecta en etapas avanzadas, un contraste que vuelve a poner el foco sobre los resultados reales de la prevención y la detección oportuna.
Los datos citados para 2022 reflejan la magnitud del problema: una incidencia estimada de 59.1 casos por cada 100,000 mujeres y una mortalidad de aproximadamente 26.4 muertes por cada 100,000. Ese mismo año se diagnosticaron 3,412 casos nuevos y ocurrieron 1,577 fallecimientos por la enfermedad. Además, aproximadamente el 65 % de los pacientes llega con diagnóstico en estados avanzados. Solo cerca del 43 % de los casos se detecta en los estadios I y II, mientras el 57 % aparece en etapas III y IV, según el Instituto Sueco de Investigaciones en Salud (IHE).
En ese contexto, la mamografía aparece como una herramienta clave de detección temprana. La Sociedad Americana contra el Cáncer y el Grupo de Trabajo sobre Servicios Preventivos de Estados Unidos sitúan a los 40 años el inicio de los exámenes regulares. La Dra. Sharon Jelena Phillips, de Mass General Brigham, subraya que se trata de una prueba breve, aunque incómoda: “Es incómodo, pero es bastante rápido. La compresión solo dura unos 15 segundos”. Pero el peso de estas cifras también abre una exigencia de vigilancia sobre la gestión pública: si el diagnóstico tardío sigue predominando, el problema ya no es solo de información, sino de resultados y de una respuesta institucional que sigue llegando tarde para muchas mujeres.
