Aunque el sector financiero dominicano muestra un mayor nivel de cumplimiento de la Ley 155-17 contra el lavado de activos, persisten brechas relevantes en la aplicación efectiva y en la supervisión de una parte importante del tejido empresarial.
La situación deja en evidencia que los avances reportados no son homogéneos y que la respuesta institucional sigue enfrentando desafíos para traducir las normas en controles realmente consistentes. En ese contexto, el problema no se limita a la existencia de la ley, sino a su implementación, fiscalización y capacidad de detección en todos los sectores obligados.
El cuadro descrito obliga a poner la mirada en el seguimiento de las autoridades, en la calidad de la supervisión y en el impacto real de los mecanismos de cumplimiento. Sin datos públicos más precisos sobre resultados, alcance de las inspecciones o efectividad de las medidas aplicadas, las mejoras parciales no bastan para hablar de un blindaje sólido frente al lavado de activos.
La lectura de fondo es que la prevención sigue dependiendo de un control más uniforme, transparente y exigente, especialmente en los segmentos donde las obligaciones de cumplimiento todavía no se traducen en una supervisión equivalente.
