La identificación de las cinco víctimas mortales del accidente en el Aeropuerto Internacional de Miami volvió a poner el foco en las fallas que rodearon una tragedia que alcanzó de lleno a trabajadores hispanos.
Las autoridades informaron que el domingo un avión de carga de Amazon, un Boeing 767-3A operado por 21 Air en el vuelo 7598 desde San Juan, Puerto Rico, se salió de la pista 30 del MIA y avanzó aproximadamente 1,300 pies más allá de la superficie pavimentada antes de impactar una camioneta y un automóvil. La jefa del Departamento de Policía de Miami-Dade, Rosie Cordero-Stutz, identificó a los fallecidos como Rolando Alemán León, de 55 años; Yoel Rodríguez Naranjo, de 53; Julio C.
Pineda, de 75; Carlos Acosta Fajardo, de 53; y Javierkys Reyes Quevedo, de 47. Todos iban en una camioneta Ford Ecoline blanca de 2012, propiedad de Professional Ocean Service Corporation, empresa contratista de limpieza del aeropuerto, que transportaba a siete personas cuando ocurrió el impacto. Después, la aeronave chocó contra un Toyota Corolla, atravesó otra cerca y terminó detenida en un estacionamiento utilizado por robotaxis Tesla. Además de los cinco fallecidos, otras cinco personas resultaron heridas. Para este martes, tres seguían hospitalizadas: Eugenio Corredor, de 79 años, y Ridoel Averhoff Díaz, de 32, en estado crítico, y Roosevelt Sebastián Perdomo Torres, de 36, estable. Los dos pilotos, Jaime Felipe Silva Molina, de 37 años, y Joseph Carol, de 55, sufrieron heridas leves y fueron dados de alta. Aunque las autoridades describieron el hecho como una “terrible tragedia”, la secuencia del accidente deja abiertas preguntas sobre los controles y la protección en un entorno aeroportuario donde el costo humano ya quedó expuesto.
