La propuesta de dolarizar Venezuela ha regresado al centro del debate económico, impulsada otra vez por Steve H. Hanke, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Johns Hopkins y defensor de las cajas de conversión y la adopción del dólar estadounidense. Su tesis parte de un hecho reconocido en el propio debate: tras años de inestabilidad monetaria y pérdida de confianza en el bolívar, el país necesita un marco capaz de recuperar credibilidad y disciplina que los sucesivos gobiernos no han logrado sostener.
Pero el propio enfoque expuesto en el texto introduce una advertencia clave para cualquier lectura política del tema: sustituir la moneda puede servir como ancla nominal creíble, aunque no repara por sí mismo las instituciones ni corrige las políticas fiscales que llevaron a la destrucción de esa confianza. Esa distinción desplaza la discusión desde la promesa técnica hacia la rendición de cuentas sobre las causas del deterioro.
Más que una salida automática, la dolarización aparece así como un recordatorio de los límites de las soluciones monetarias cuando el problema de fondo es institucional. El debate, por tanto, no solo gira en torno a estabilidad cambiaria, sino al contraste entre cualquier discurso de recuperación y la realidad de unas condiciones políticas y fiscales que siguen bajo escrutinio.
