A pesar de los anuncios del presidente Luis Abinader sobre una transformación en la infraestructura hídrica de la República Dominicana, la realidad muestra que las deficiencias en el sistema de agua potable en Santo Domingo y el Distrito Nacional persisten. Aunque se han presentado proyectos a corto, mediano y largo plazo, la falta de resultados concretos y la continua escasez de agua en diversas comunidades evidencian un contraste entre el discurso oficial y la situación real que enfrentan los ciudadanos.
La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) ha sido señalada por su incapacidad para revertir décadas de problemas en el suministro de agua. A pesar de los esfuerzos de su dirección, los avances en la producción del Acueducto Oriental Barrera de Salinidad, que ha pasado de 1.8 a 4 m³/s, no son suficientes para satisfacer la demanda creciente de la población. La promesa de alcanzar 6 m³/s para 2026 parece más un objetivo que una garantía, dejando a muchos dominicanos en la incertidumbre sobre su acceso al agua potable.
La construcción de nuevas acometidas y la búsqueda de soluciones a largo plazo son necesarias, pero la falta de una supervisión efectiva y de rendición de cuentas por parte del gobierno plantea serias dudas sobre la viabilidad de estos proyectos. La sociedad civil exige una fiscalización más rigurosa y un compromiso real para abordar las necesidades hídricas de la población, en lugar de depender de promesas que no se traducen en mejoras tangibles en la calidad de vida de los ciudadanos.
