El giro global hacia una economía basada en investigación, software, datos, diseño, marcas y capital organizacional vuelve más visible una debilidad institucional local: República Dominicana no forma parte de la base comparativa que mide de manera integrada esos activos, en un momento en que las cuentas nacionales todavía los captan de forma incompleta. La brecha no es menor en un escenario donde, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y la Luiss Business School, la inversión en intangibles superó los diez billones de dólares en 2025 en 29 economías que representan cerca del 57% del PIB mundial.
Ese cambio no se limita al acceso al conocimiento. El propio debate técnico subraya que disponer de información y convertirla en producción son problemas distintos. La noción de capacidad de absorción, desarrollada por Cohen y Levinthal, y la distinción que mantiene la OCDE entre difusión del conocimiento y adopción tecnológica apuntan a un mismo punto de fiscalización pública: no basta con que una idea circule si faltan competencias, redes, datos preparados, financiamiento y capacidades gerenciales para usarla. En otras palabras, el discurso de modernización puede chocar con la realidad de una adopción desigual.
La ONE produce estadísticas sobre I+D e innovación empresarial, pero esas mediciones parciales no equivalen a una estimación integrada y comparable del conjunto de activos que cubre Global INTAN-Invest. De cara a 2026–2035, la discusión no es solo tecnológica, sino de rendición de cuentas sobre preparación real del Estado y de la economía para cerrar diferencias en verificación, adaptación, financiamiento y uso productivo del conocimiento. La evidencia disponible, como advierte el texto original, todavía no permite anticipar si esos costos caerán al mismo ritmo para todos.
