A pesar del creciente riesgo e incertidumbre provocados por la guerra en Irán, que ha encarecido el petróleo y el gas, el Banco Central decidió por sexta vez consecutiva mantener el precio del dinero en 5.25% anual. Esta decisión se produce en un contexto donde el suministro mundial de petróleo sigue interrumpido y los precios continúan siendo prohibitivos, lo que plantea serias dudas sobre la efectividad de la gestión económica del gobierno.
La inflación interanual se situó en marzo en 4.63%, y aunque se encuentra dentro del rango meta, la realidad es que los nuevos aumentos de precios en el mercado local están siendo absorbidos por el Gobierno y los consumidores. Esto sugiere que el impacto del choque energético se sentirá con mayor fuerza en los próximos meses, lo que podría llevar a que la inflación general supere el límite superior del rango meta. La falta de medidas preventivas adecuadas por parte del Banco Central para controlar esta situación es alarmante y pone de manifiesto la desconexión entre el discurso oficial y la realidad económica que enfrentan los ciudadanos.
A pesar de un crecimiento del PIB real del 5.1% en marzo, la situación actual exige una vigilancia constante y una rendición de cuentas por parte de las autoridades. La gestión del Banco Central y del Gobierno debe ser objeto de un escrutinio riguroso, ya que la estabilidad económica y el bienestar de la población están en juego.
