Con el 91 % de los votos escrutados, la coalición de Gobierno de Israel, encabezada por Benjamín Netanyahu, se mantiene en 53 escaños, todavía sin la mayoría de 61 necesaria para gobernar. El bloque opositor liderado por el exgeneral Gadi Eisenkot conserva 48 asientos, en un escenario que mantiene abierto el pulso político y obliga a nuevas negociaciones.
El dato central del recuento es que, pese a que el Likud sigue como el partido más votado con 26 escaños, el bloque oficialista no logra traducir esa ventaja en capacidad suficiente para cerrar la gobernabilidad. Del lado opositor, Yashar! alcanza 21 escaños, a los que se suman 12 de Juntos, 8 de Los Demócratas y 7 de Israel Beitenu. En paralelo, los partidos árabes elevan su peso a 19 escaños tras una votación récord, dos más que en el anterior recuento, y vuelven a quedar en el centro de cualquier salida parlamentaria.
La tensión institucional se agravó después de que el Likud exigiera a la Policía israelí y al Shin Bet investigar supuestas irregularidades en colegios electorales de comunidades árabes y acusara a esos partidos de «robar las elecciones». Sin embargo, la Policía de Israel descartó esa acusación, según informan medios nacionales, en un contraste que desplaza el foco hacia las explicaciones pendientes del oficialismo ante un resultado que sigue sin darle mayoría.
