Otras regiones

El cerco a Gómez Ochoa terminó por revelar el costo humano de una persecución al límite

agosto 17, 2026 · Redactor
El cerco a Gómez Ochoa terminó por revelar el costo humano de una persecución al límite
Foto: acento.com.do

El agotamiento, la rendición y el rastreo con perros sellaron el final de una operación que muestra el desgaste de los insurgentes y la dureza del aparato represivo.

Tres semanas después del desembarco, la resistencia de Gómez Ochoa había quedado reducida a unos cinco hombres, exhaustos y al borde de sus fuerzas, después de haber logrado eludir durante más tiempo que los demás la persecución y el cerco, e incluso de haber causado pérdidas sensibles al ejército de la bestia. El cuadro deja ver no solo el desgaste de los perseguidos, sino también el costo humano de una operación llevada hasta el extremo.

En ese tramo final se evaluó la posibilidad de salir por Haití, aunque la vía era descrita como muy difícil. Al mismo tiempo, fue tomando fuerza la idea de entregarse al enemigo. Según Anselmo Brache, el general Mélido Marte había designado a civiles para negociar la rendición, pero la iniciativa no despertaba confianza, en contraste con la realidad que enfrentaban los insurgentes sobre el terreno.

Poncio y Merardo acabaron entregándose a un sacerdote español, que los llevó ante Mélido Marte en Los Mañanguises. Al día siguiente, la persecución contra Ochoa y los otros dos cubanos se reanudó con unos treinta soldados y civiles, además de perros entrenados para rastrear. El 11 de julio, los insurgentes fueron localizados en un cerro espinoso, entre guayabas y maleza, mientras dormían junto a lo que creían que era un arroyo y resultó ser una cuneta al lado de un camino vecinal.

“Estábamos rendidos”, dice Gómez Ochoa, una frase que resume el desenlace de una cacería cuyo resultado obliga a poner el foco en la vigilancia del poder y en lo que revela sobre la fragilidad de cualquier versión triunfalista de la fuerza.