La nueva entrega sobre la polémica entre Camus y Sartre reabre una discusión que el propio presente vuelve más exigente: después de las experiencias totalitarias del siglo XX, de crímenes cometidos en nombre de revoluciones emancipadoras, de la caída del mundo soviético y del balance de experiencias guerrilleras latinoamericanas, el autor destaca la vigencia de la advertencia de Camus contra sacrificar al ser humano concreto por una promesa futura. En ese contraste entre discurso y realidad, la reivindicación del límite y la mesura aparece como una señal de alerta institucional ante cualquier proyecto que pretenda justificarse por su destino histórico.
Desde ahí, el artículo se distancia de una afirmación de Tony Raful sobre Sartre. El autor sostiene que atribuirle la idea de un destino histórico resulta difícil de defender a partir de sus propios textos. Para sostenerlo, remite a Materialismo y revolución, de 1946, donde Sartre escribe que “La libertad es una estructura del hecho humano y sólo se revela en la acción del individuo, al paso que el determinismo es una ley del mundo”, y a Crítica de la razón dialéctica, de 1960, donde afirma que “La praxis misma no se reduce jamás a un esquema” y que “No estamos ante una totalidad, sino ante una totalización”.
La relectura no absuelve las equivocaciones políticas de Sartre ni su acercamiento al comunismo, pero sí rechaza convertir esas opciones en una filosofía del determinismo histórico. El punto central del texto, más que saldar una disputa académica, refuerza una advertencia de fondo: cuando la política se presenta como verdad cerrada, la rendición de cuentas se debilita y el costo humano termina reapareciendo en la historia. Esa es la discusión que el artículo devuelve al centro.
