El Gobierno conservó su proyección de crecimiento económico de 4% para este año, aunque al mismo tiempo reconoció un panorama más complejo para los hogares y las finanzas públicas: una inflación más alta que la prevista inicialmente y un déficit fiscal por encima de lo contemplado en el presupuesto.
La actualización del marco macroeconómico, realizada esta semana junto con el Banco Central, fue expuesta por el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, quien vinculó el deterioro a la crisis internacional, el aumento de los combustibles, los mayores costos de la energía y un entorno de tasas de interés elevadas en Estados Unidos. También indicó que harán falta más recursos para cubrir subsidios a los combustibles y al sector eléctrico, lo que seguirá presionando el balance fiscal.
Pese a que Díaz aseguró que el país todavía crecerá 4% y restó alarma a un aumento moderado del déficit ante inversionistas y calificadoras, la propia revisión oficial pone de manifiesto el contraste entre la meta de expansión y el encarecimiento del costo de vida, además de una mayor carga sobre el presupuesto. El funcionario afirmó que la evaluación de la política económica deberá medirse por el equilibrio entre crecimiento, inflación y sostenibilidad fiscal, en un entorno internacional que continúa empeorando.
