La tensión en Medio Oriente ya deja un impacto tangible para la República Dominicana: una factura petrolera que cerraría 2026 cerca de US$ 5,400 millones, es decir, unos US$ 900 millones más de lo que el Gobierno había contemplado, junto con una inflación interanual de abril de 5.11 %, ligeramente por encima del límite superior de la meta oficial de 4.0 % ± 1.0 %. Aun con esa presión sobre los precios y las cuentas externas, el Banco Central decidió no variar la tasa de interés luego de evaluar el choque internacional.
El informe más reciente de la Asesoría de la Gobernación del Banco Central plantea que la economía dominicana puede amortiguar el golpe con sus propios respaldos, sobre todo el turismo y las remesas, incluso si el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha afectado la producción de crudo en el Estrecho de Ormuz y provocado un desajuste entre la oferta y la demanda mundiales. La autoridad monetaria entiende que se trata de un fenómeno transitorio y, por eso, evitó una subida de tasas que pudiera enfriar la actividad económica.
No obstante, el dato de fondo es que el choque externo ya se expresa en mayores costos para el país y en una inflación que supera el rango meta. Aunque el Banco Central insiste en la cautela y en la previsión de que el crudo se modere por debajo de US$ 80 el barril hacia diciembre de 2027, el panorama refuerza la necesidad de vigilar el manejo económico y de ofrecer explicaciones frente a la brecha entre lo presupuestado y el impacto real que termina enfrentando la población.
