El presidente francés, Emmanuel Macron, admitió que la desaparición y muerte de Lyhanna, una niña de 11 años en el sur de Francia, puso de manifiesto «fallos» en la justicia. El mandatario reconoció que hubo una «disfunción» y aseguró que ahora deben determinarse las responsabilidades, después de que el principal sospechoso, Jérôme Barella, de 41 años, nunca fuera detenido para ser interrogado pese a acumular denuncias por presunta violencia sexual contra menores.
Tras el hallazgo del cuerpo de la menor en una explotación agrícola de Puycasquier, cerca del lugar donde desapareció al salir del colegio, en el departamento de Gers, Macron hizo estas declaraciones. El propio presidente señaló que no se puede decir a la familia que todo funcionó bien, en un reconocimiento que subraya el contraste entre la respuesta institucional y el desenlace del caso.
La crisis llevó al primer ministro francés, Sébastien Lecornu, a convocar a los ministros de Interior y Justicia, Laurent Nuñez y Gérald Darmanin, para analizar una situación que ha generado una fuerte indignación en el país. Darmanin admitió que «el sistema judicial no protegió a Lyhanna» y pidió «disculpas» a la familia y al pueblo francés, al tiempo que reunió a todos los fiscales generales en una reunión de trabajo en París, en medio de crecientes demandas de rendición de cuentas por las fallas expuestas.
