La reflexión de la periodista Riamny Méndez sobre los manieles y su aporte a la mejora de la calidad de vida de las mujeres vuelve a situar en primer plano una discusión que va más allá de la historia: cómo las comunidades han tenido que organizarse desde abajo para sostener cuidados, trabajo y convivencia cuando las estructuras de poder no responden a sus necesidades.
Los estudios etnográficos citados subrayan la presencia afrodescendiente y un modo de vida colectivo apoyado en la distribución horizontal de tareas, actividades económicas y cuidados. Con base en la literatura sobre el cimarronaje en el país, de Carlos Esteban Deive, Emilio Cordero Michel, José Gabriel García y Pérez, el texto sostiene que ese proceso no fue una huida individual ante la esclavitud, sino una experiencia colectiva que articuló estructuras políticas, económicas y culturales como alternativa al orden colonial.
Desde esa lectura, los manieles y palenques se presentan como los primeros espacios de autogestión comunitaria en el territorio dominicano, sostenidos en la cooperación, la ayuda mutua y la defensa colectiva. La dimensión cultural del cimarronaje, lejos de quedar como evocación del pasado, funciona así como una alerta sobre el costo social de desatender a las comunidades reales y como una exigencia de que la calidad de vida, los cuidados y la organización social no sigan quedando relegados frente al discurso del poder.
