En su primer choque público con Alternative für Deutschland (AfD) desde la victoria del partido en las elecciones estatales del domingo pasado en Sajonia-Anhalt, Friedrich Merz utilizó el Bundestag para lanzar una dura advertencia sobre la presión política que afronta el Gobierno alemán. El canciller acusó a la formación de extrema derecha de perseguir la «limpieza étnica» a través de su campaña de «remigración», es decir, la expulsión masiva de migrantes y ciudadanos de origen extranjero.
«Lo que proponen no es política migratoria, es racismo con nombre técnico», dijo Merz ante el pleno, citado por The Guardian. También señaló que poner en marcha esa agenda equivaldría a «hundir un hacha» en la mano de obra calificada que sostiene la industria alemana, en un escenario de déficit estructural de trabajadores en sectores clave como manufactura, salud y tecnología. La disputa elevó la alarma institucional en torno al avance de una propuesta que, según el propio canciller, chocaría con necesidades centrales de la economía.
El enfrentamiento, sin embargo, también dejó a la vista un problema de resultados para el oficialismo. La AfD obtuvo en Sajonia-Anhalt su mejor desempeño en unas elecciones estatales desde su fundación, consolidó su dominio en el este del país y profundizó la crisis de los partidos tradicionales. Analistas interpretaron el resultado como una señal de que el descontento con la coalición gobernante no cede pese a la llegada de Merz a la cancillería. En paralelo, trascendió que el canciller canceló una conversación telefónica prevista con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
