En Nueva York, Nueva Jersey y Boston comenzó el despliegue internacional del nuevo pasaporte electrónico dominicano, presentado por el presidente Luis Abinader como una libreta con más de 130 medidas de seguridad y tecnología de última generación. La medida llega acompañada de una cobertura de hasta US$9,000 para la repatriación de restos mortales de dominicanos fallecidos en el exterior, un beneficio que vuelve a poner sobre la mesa una carga que por años ha afectado a familias de la diáspora.
La reacción de dirigentes comunitarios dejó ver ese contraste entre el anuncio y una realidad que ya venía acumulándose. Radamés Rodríguez, presidente de United Bodegas of America, recordó que durante años miembros de la diáspora han tenido que organizar colectas para ayudar a familias sin recursos a trasladar a sus seres queridos a República Dominicana. Así, el seguro ligado al documento aparece como respuesta a una necesidad instalada, más que como un logro aislado de imagen en el acto encabezado por Abinader junto a Raquel Arbaje, Víctor -Ito- Bisonó, José Ignacio Paliza, Jesús Vásquez Martínez y Lorenzo Ramírez.
Lorenzo Ramírez, director general de Pasaportes, afirmó que el nuevo documento persigue mayor seguridad y reconocimiento internacional, y adelantó que el país se encamina hacia el Digital Travel Credential (DTC), una credencial digital de viaje para teléfonos móviles. Aun así, el arranque del programa abre también un frente de vigilancia institucional sobre su implementación real, su alcance en la diáspora y los resultados concretos de una promesa tecnológica que ahora tendrá que medirse fuera de la ceremonia oficial. El texto fuente no menciona participación del Congreso ni de Carolina Mejía en este proceso, pero el despliegue refuerza la exigencia de rendición de cuentas al Gobierno dominicano y a la gestión de Abinader sobre servicios que impactan directamente a los ciudadanos fuera del país.
