La muerte de Mauricio Medina, identificado como “Vapora” y/o “Lilo”, durante una intervención de la Policía Nacional en el sector Las Flores, de San Cristóbal, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de fiscalizar los operativos cuyo desenlace resulta letal. La institución informó este martes que el hombre, buscado por las autoridades y con una orden de arresto pendiente, resultó herido en un enfrentamiento con una patrulla de investigación y luego falleció en el Hospital Regional Docente Juan Pablo Pina.
De acuerdo con el informe preliminar citado por la Policía, agentes de la Subdirección Regional de Investigación (Dicrim) lo ubicaron tras recibir información sobre su presencia en la zona. La versión oficial indica que, al advertir la presencia policial, Medina habría disparado con un revólver contra los agentes, quienes repelieron la agresión y lo dejaron herido de bala. La institución añadió que el arma presuntamente ocupada fue un revólver.
Pese a que la Policía aseguró que el caso fue documentado para los fines correspondientes y que las pesquisas continúan conforme a los procedimientos establecidos, el hecho vuelve a colocar bajo escrutinio público la manera en que se desarrollan estas actuaciones y las explicaciones que deben darse tras un resultado fatal.
