La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú se abrió este domingo con más de 27,3 millones de ciudadanos llamados a las urnas, en una jornada de diez horas que empezó a las 7.00 hora local y cuyo escrutinio, según lo previsto, podría alargarse varios días. La votación definirá al noveno presidente del país en diez años, una cifra que vuelve a situar en primer plano el desgaste institucional que arrastra la política peruana.
Las urnas enfrentan a Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori, condenado a prisión por delitos de lesa humanidad y escándalos de corrupción, y a Roberto Sánchez, presentado como escudero del encarcelado expresidente Pedro Castillo, quien cumple condena por un fallido golpe de Estado a finales de 2022. De este modo, el balotaje se desarrolla bajo el peso de dos figuras presidenciales asociadas a graves crisis políticas y judiciales.
Fujimori votó en el colegio Libertador San Martín, en San Borja, bajo fuerte resguardo policial, y antes había mantenido una reunión con sus delegados para supervisar el escrutinio en las mesas electorales. Sánchez, por su parte, declaró: «Vamos con esperanza a hacer más fuerte nuestra patria» tras acudir con su familia a votar. En un escenario tan polarizado y con un conteo que puede prolongarse, la atención queda puesta en la transparencia del proceso y en la capacidad del sistema para ofrecer un resultado creíble tras años de inestabilidad.
