El crecimiento económico puede ampliar ingresos y abrir oportunidades de trabajo, pero ese avance no se traduce automáticamente en una mejora suficiente para la mayoría. Un estudio reciente del Observatorio Laboral del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que, pese a cifras récord en empleo de calidad en América Latina y el Caribe, esa condición no alcanza a la mayor parte de la población.
El informe mide un índice de mejores trabajos a partir de cuatro componentes: participación laboral, ocupación, formalidad y salarios suficientes para superar la pobreza. Aunque el índice de calidad del empleo llegó en 2024 a su nivel más alto del período 2010-2024, se ubicó en 40,6 de 100, un resultado que el propio análisis retrata como insuficiente. En la práctica, eso significa que más de la mitad de los trabajadores de la región sigue en la informalidad y con ingresos que no les permiten salir de la pobreza.
La ligera mejora en formalidad, que pasó de 27 a 31 puntos en 2024, refuerza la necesidad de vigilancia sobre la calidad real del mercado laboral y no solo sobre la cantidad de puestos generados. El contraste entre expansión económica y empleos que no garantizan bienestar vuelve a colocar en primer plano una alerta institucional: sin fiscalización sobre los resultados concretos en los hogares, el discurso de crecimiento corre el riesgo de convivir con un deterioro persistente en productividad, desigualdad y calidad de vida.
