La muerte de un niño de siete años por ahogamiento en un balneario de Bayaguana, Monte Plata, ha reabierto el debate sobre la negligencia de las autoridades en la supervisión y regulación de estos espacios recreativos. El menor, que se encontraba en el balneario conocido como «La Jorqueta», falleció en un contexto de advertencias previas sobre el alto riesgo debido a las intensas lluvias que habían provocado la crecida de ríos en la zona.
A pesar de las condiciones peligrosas, balnearios concurridos como «La Jorqueta» permanecieron abiertos, lo que evidencia una alarmante desconexión entre el discurso oficial sobre la seguridad y la realidad que enfrentan los ciudadanos. La respuesta de las autoridades fue tardía, y aunque se activaron unidades del Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 911, el niño llegó sin signos vitales a un centro de salud, lo que plantea serias interrogantes sobre la efectividad de los protocolos de emergencia en situaciones críticas.
Testimonios de la comunidad sugieren que, ante la falta de respuesta inmediata, el niño fue trasladado de manera improvisada en un motor, lo que resalta las deficiencias en el acceso a servicios de emergencia en una zona donde las condiciones de las vías se ven gravemente afectadas por las lluvias. Esta tragedia no solo es un llamado de atención sobre la necesidad de una mayor vigilancia y control por parte del gobierno, sino también una oportunidad perdida para garantizar la seguridad de los ciudadanos en espacios de recreación.
