El asesinato de Aurelina Valdez en La Cuesta del Jobo, en Yamasá, volvió a poner bajo la lupa el efecto social de una violencia que, según personas cercanas, ya había dado señales de amenaza y control. La madre de tres niños murió la noche del jueves después de ser atacada a tiros por su expareja, identificado por allegados como Inocencio Belén, conocido como Cristian el Piñero o Rey.
Quienes la trataban la recuerdan como una mujer trabajadora, emprendedora y alegre, volcada en sacar adelante a sus hijos con pequeños negocios. Vendía víveres y verduras y, en ocasiones, preparaba desayunos por las mañanas. “Era una muchacha luchadora y emprendedora”, dijo el vecino Dionisio Manzueta, al señalar que trabajaba a diario para sostener a sus hijos de 10, 8 y 3 años. Ninguno era hijo del hombre señalado como responsable de su muerte.
La amiga Margarita Martínez sostuvo que la relación estuvo marcada por celos, control y amenazas. “Él la amenazó con que, si lo dejaba, la iba a matar. Cuando se separaron, la acosaba a ellas y a sus hijos. Era posesivo”, dijo. En el ataque también resultó herida la madre de Aurelina, con un disparo en un brazo, por lo que fue llevada al Hospital de Monte Plata. Aunque está fuera de peligro, sus familiares no le habían comunicado la muerte de su hija para no agravar su estado de salud.
