El Banco Central presentó al turismo como un “amortiguador natural” frente al alza de los precios internacionales del petróleo y resaltó su aporte a la estabilidad macroeconómica. Las cifras citadas por el propio organismo y por el Consejo Mundial de Viajes y Turismo dan cuenta de la dimensión del sector: alrededor del 16 % del Producto Interno Bruto, cerca de 900 mil empleos directos e indirectos y aproximadamente el 18 % del empleo total del país. En 2025, además, la República Dominicana volvió a superar los 11 millones de visitantes y se consolidó como principal destino turístico del Caribe.
Sin embargo, esos mismos números también evidencian una fragilidad estructural. El texto señala que el turismo es una de las industrias más sensibles de cualquier economía y que puede pasar del récord al colapso en cuestión de días ante una pandemia, una recesión en Estados Unidos o Europa, un conflicto geopolítico, una crisis reputacional, un desastre natural o incluso un incidente mediático internacional. En ese escenario, el relato de éxito convive con una realidad más delicada: una parte clave del empleo y de la actividad económica depende de factores externos que el país no controla.
La propia explicación sobre el momento actual refuerza esa advertencia. Si la crisis internacional no ha golpeado con mayor fuerza, se apunta que también incide la llegada de turistas desviados desde destinos competidores en crisis, como Cuba y México. Eso hace que el buen desempeño sea una ventaja circunstancial, no una garantía permanente. Por eso, más que celebrar cifras históricas, el debate queda centrado en la necesidad de tratar el turismo como un sector estratégico que requiere planificación profunda, vigilancia constante y mayor responsabilidad pública frente a un modelo cuyo costo social sería alto si esa fragilidad se materializa.
