“Voces de Tomasina Rosario (ensayo sobre el tiempo)”, de Luis Ernesto Mejía, es presentada como una novela breve de alta calidad poética, pero su materia narrativa también deja ver algo más incómodo: una memoria familiar y local marcada por la intemperie, el lodo, los terrones y la despedida. Desde su arranque, con la imagen de Tomasina Rosario mirando desde el bohío una comarca de Las Uvas dividida entre “una temporada de lodo y otra de terrones”, el libro sitúa en el centro una experiencia concreta de precariedad y paso del tiempo que desborda la mera contemplación literaria.
El texto reseñado subraya que la obra funciona a la vez como novela, ensayo filosófico, relato histórico, antropológico y sociológico, apoyada en una mezcla de registros lingüísticos que enlaza cultura local e historia. Ese cruce convierte la narración en una forma de observación sobre varias generaciones de una misma familia, donde el tiempo aparece asociado a la muerte y a una despedida ineludible. Más que un ejercicio aislado de estilo, la novela queda leída como una pieza que obliga a mirar, desde la cultura, realidades sociales persistentes que suelen quedar relegadas frente al ruido del discurso.
La reseña destaca además el humor, la voz propia y la densidad conceptual de una obra de poco más de cien páginas. Pero justamente ahí aparece su mayor fuerza pública: recordar que detrás de cualquier relato sobre identidad, historia o país siguen pesando condiciones materiales y humanas que exigen atención, vigilancia y lectura crítica de la realidad, no solo celebración retórica.
