Tegucigalpa (EFE).- En Honduras, los jóvenes de entre 12 y 30 años, que suman cerca de 3,5 de los 10 millones de habitantes del país, oscilan entre la expectativa de un mejor porvenir y una creciente desconfianza hacia una clase política que, según el reporte, les ofrece muy poco de lo que esperan. El malestar es evidente: muchos de quienes ya han votado en una, dos o tres elecciones generales aseguran no sentirse representados por los actores que cada cuatro años vuelven a pedirles el voto.
Robinsson Hernández, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH) de la Universidad Nacional Autónoma (UNAH), resumió esa ruptura con el sistema político al afirmar a EFE que muchos jóvenes no participan en política porque no creen en las instituciones ni en la democracia, y ponen en duda la forma en que funciona el sistema democrático del país. Hernández atribuyó esa pérdida de credibilidad a una experiencia marcada por “la corrupción, el nepotismo y el clientelismo político”, y advirtió que las acciones de los políticos en el poder han provocado “un abstencionismo de parte de los jóvenes”.
La señal también apunta a una deuda institucional: los pocos espacios dedicados exclusivamente a la juventud y la inconformidad con mecanismos que no influyen en las decisiones de fondo. “Nosotros queremos estar en los espacios de toma de decisiones que ya existen, los reales, donde se toman las decisiones que cambian el rumbo de nuestro país”, recalcó el líder estudiantil, en una advertencia que refuerza la exigencia de mayor rendición de cuentas y de una participación menos simbólica para un sector clave de la población.
