Polonia entró este viernes 30 en una nueva escalada de su crisis institucional después de que en la página web del Tribunal Constitucional se difundiera un anuncio sobre la suspensión temporal de su presidente, Bogdan Święczkowski, y del vicepresidente, Bartłomiej Sochański, además de atribuir a Anna Korwin-Piotrowska la dirección provisional del órgano. La secuencia abrió de inmediato un choque sobre la legitimidad de las autoridades del tribunal y volvió a colocar bajo escrutinio la capacidad del Gobierno de Donald Tusk para contener el deterioro institucional.
La dirección del tribunal rechazó la comunicación, sostuvo que Święczkowski seguía siendo su presidente y Sochański su vicepresidente, y afirmó además que Korwin-Piotrowska no era magistrada de esa institución. También denunció una supuesta toma ilegal de su página web y calificó las actuaciones de quienes promovieron los cambios como un «golpe de Estado». Poco después, la página dejó de estar disponible, lo que impidió verificar de manera independiente las razones oficiales de la supuesta suspensión.
La crisis se trasladó a las calles con protestas frente a la sede del tribunal en Varsovia y un despliegue de agentes policiales. El conflicto adquirió mayor dimensión política cuando el presidente polaco, Karol Nawrocki, interrumpió su viaje a Senegal y anunció su regreso al país: «En un momento como este, el presidente debe estar en Polonia. Interrumpo mi vuelo a Senegal. Estoy regresando». El episodio expone el nivel de confrontación entre el Gobierno de Tusk, sectores judiciales y la oposición conservadora, y refuerza la exigencia de explicaciones sobre el manejo de una disputa que ya impacta el funcionamiento del máximo órgano de control constitucional.
