La crisis de seguridad en Haití volvió a agravarse en la llanura de Cul-de-Sac, donde los grupos armados han incrementado los ataques y los enfrentamientos desde hace varios días, en una zona cercana al aeropuerto internacional Toussaint-Louverture. En ese contexto de deterioro, las empresas instaladas en la región señalan que, pese a las múltiples alertas emitidas en los últimos meses, las autoridades no han ofrecido respuestas concretas.
El costo humano continúa aumentando. Un empleado de Rhum Barbancourt murió después de ser alcanzado por una bala perdida, mientras la violencia, que se extendió hasta este lunes 11 de mayo, obligó a cientos de habitantes a dejar sus hogares y buscar refugio en áreas seguras. Entre los desplazados se repiten escenas de mujeres y niños huyendo con pocas pertenencias, en medio de la incertidumbre sobre dónde resguardarse. “Lo que está pasando es horrible”, dijo una joven que abandonó su barrio de madrugada.
Este lunes también quedó en evidencia la presión social, cuando varios desplazados improvisaron una protesta en la carretera que lleva al aeropuerto internacional del país para criticar a las autoridades actuales y exigir seguridad. Además, la violencia ya afecta a instituciones que operan en la zona: Médicos sin Fronteras anunció el cierre temporal de su centro hospitalario de Drouillard por la inseguridad, en otra señal del deterioro y de la falta de control efectivo frente a una crisis que sigue expandiéndose.
