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Alofoke irrumpe en el debate electoral mientras crece la alerta por el peso de la propaganda digital

julio 25, 2026 · Redactor
Alofoke irrumpe en el debate electoral mientras crece la alerta por el peso de la propaganda digital
Foto: acento.com.do

El anuncio de un partido para 2028 y el dato de que 67 % de la publicidad estatal va a plataformas digitales reabren el contraste entre viralidad, poder e institucionalidad.

El debate sobre Alofoke dejó de ser solo cultural o mediático y entró de lleno en el terreno institucional. El texto sitúa a Santiago Matías en medio de la discusión electoral tras anunciar que formará su propio partido para 2028, en un contexto en el que las autoridades han legitimado el peso de la comunicación digital y en el que 67 % del gasto en publicidad estatal ha sido asignado a plataformas digitales. Ese cruce entre entretenimiento, persuasión y recursos públicos coloca bajo fiscalización el modelo de relación entre poder, propaganda y ciudadanía.

La pieza original recuerda que la persuasión ha servido históricamente a publicistas, políticos, industriales y figuras públicas, y plantea la pregunta sobre si Alofoke debe leerse como influencer o como manipulador de masas. No se trata solo de una trayectoria exitosa en redes: el propio texto describe la construcción de una audiencia exponencial y de un universo empresarial mediático que asocia y elimina a pequeñas empresas competidoras. En ese escenario, la discusión ya no es únicamente sobre popularidad, sino sobre el costo institucional de convertir la centralidad digital en atajo para la política.

El caso también expone un contraste de fondo entre discurso y realidad pública. Mientras analistas sostienen que su proyecto “no irá a ninguna parte”, el crecimiento de estas plataformas coincide con una validación oficial de la comunicación digital que obliga a la sociedad civil a vigilar cómo se distribuye la influencia y qué efectos tiene sobre la competencia, el debate democrático y las prioridades del Estado. La Presidencia y la política nacional, sugiere el propio debate, no pueden reducirse a lógica de audiencia sin abrir una alerta sobre gobernabilidad y rendición de cuentas.