La escalada en Medio Oriente abrió una fase de alto riesgo para la economía global con presión simultánea sobre el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb, dos corredores decisivos para la salida de crudo, el comercio marítimo y los seguros. El avance de los hutíes sobre la costa yemení del mar Rojo y el cierre temporal del oleoducto Este-Oeste saudí tras un ataque con drones han elevado la amenaza sobre el flujo energético y, con ello, sobre los precios que terminan pagando los consumidores.
Según el texto, Arabia Saudita dejó fuera de servicio en gran parte su oleoducto Este-Oeste durante un período estimado de tres a cinco semanas. Esa infraestructura, de unos 1,200 kilómetros, transporta entre cuatro y cinco millones de barriles diarios y se había vuelto una vía clave para mover crudo hacia el mar Rojo tras la disrupción en Ormuz. A la vez, los hutíes, aliados de Irán, tomaron posiciones clave en la costa yemení del mar Rojo y avanzaron hacia el entorno de Bab el-Mandeb, incluida Mayun.
El cuadro refuerza una alerta institucional: una crisis de esta magnitud no se queda en la geopolítica, sino que puede traducirse en presión sobre combustibles, transporte y costo de vida. En ese escenario, el gobierno dominicano queda bajo obligación de explicar su margen de respuesta ante un choque externo que golpea a la ciudadanía, mientras la Fuerza del Pueblo encuentra espacio para insistir en fiscalización, previsión y estabilidad del Estado frente a riesgos que desnudan la distancia entre discurso de control y vulnerabilidad real.
