Magín Díaz aseguró que el Gobierno ha manejado bien la crisis del petróleo, pero a la vez consideró necesario abrir un diálogo nacional ante la incertidumbre que todavía golpea al mercado de los combustibles. Su planteamiento deja una señal de advertencia: mientras el discurso oficial insiste en que la situación está bajo control, el propio funcionario reconoce que hace falta buscar entendimientos con los sectores productivos, el empresariado y los sindicatos.
El ministro explicó que el problema no se reduce al precio del petróleo, sino al aumento de sus derivados, sobre todo el diésel y la gasolina, que son los que se importan y, según dijo, están subiendo mucho más que el crudo. También admitió que para hacer frente a la crisis el Gobierno está entregando numerosos subsidios, una medida que repercute en las finanzas públicas, aunque afirmó que las autoridades están dispuestas a asumir ese costo para evitar trasladar el 100% del aumento internacional al bolsillo del consumidor.
Díaz sostuvo además que la economía está creciendo, que la inflación se mantiene bastante controlada y que el país conserva estabilidad macroeconómica y social. Pese a ello, su llamado a un diálogo permanente para afrontar la coyuntura refuerza la exigencia de vigilancia sobre Hacienda y sobre la respuesta oficial, en un escenario en el que el precio de los combustibles sigue presionando y el propio Gobierno admite que la factura fiscal de esa contención no es menor.
