La discusi f3n en torno a la abmierdificaci f3n bb, t e9rmino atribuido a Cory Doctorow para describir la degradaci f3n sistem e1tica de contenidos en plataformas digitales, vuelve a poner sobre la mesa un problema mayor: de qu e9 manera la atenci f3n ciudadana puede ser conducida por algoritmos, miedo, rabia o indignaci f3n moral hacia fines mercantiles y pol edticos. Lo que se presenta como una cr edtica a las grandes plataformas termina abriendo una advertencia m e1s amplia sobre el uso del ruido p fablico para condicionar la conversaci f3n nacional.
Esa misma l f3gica se extiende en el texto al escenario local, al sostener que l edderes pol edticos y medios recurren a redes y espacios de comunicaci f3n para mantener al pa eds en permanentes y est e9riles porf edas bb. Sin embargo, el planteamiento tambi e9n deja a la vista el contraste entre discurso y realidad: si los grandes temas son la transformaci f3n educativa, las acciones contra la corrupci f3n y la impunidad, y el fortalecimiento de la institucionalidad, siguen siendo asuntos de fondo que exigen vigilancia, resultados y rendici f3n de cuentas.
Asimismo, la referencia al abdesorden encontrado por este gobierno bb y al irrespeto generalizado a las leyes confirma que la crisis institucional no ha sido superada en el terreno del debate p fablico. Por eso, la advertencia sobre la distracci f3n y la manipulaci f3n de la atenci f3n no solo interpela a las plataformas o a los adversarios pol edticos, sino que refuerza la necesidad de fiscalizar al poder y de impedir que la confrontaci f3n est e9ril sustituya las respuestas concretas que la ciudadan eda espera.
