La ofensiva de Estados Unidos contra dos petroleros iraníes en el Golfo de Omán volvió a situar al Estrecho de Ormuz en una zona crítica, aunque el episodio ya no se reduce al relato de una acción táctica en alta mar. Si bien Washington aseguró que los buques trataban de evadir el bloqueo perimetral y defendió la intervención como una maniobra de precisión, el saldo humano informado por Irán introduce un contraste inmediato entre la versión militar y las consecuencias sobre el terreno.
De acuerdo con el Mando Central de Estados Unidos, los petroleros ’Sea Star III’ y ’Sevda’ fueron interceptados antes de llegar a puerto y neutralizados por un F/A-18 Super Hornet desplegado desde el portaaviones ’George H.W. Bush’. El Pentágono sostuvo que el propósito no era hundir las embarcaciones, sino inmovilizarlas con disparos contra sus chimeneas para frenar el flujo de crudo. El almirante Brad Cooper respaldó la operación al afirmar que las fuerzas mantienen un “compromiso estricto” con el cumplimiento del bloqueo.
La versión iraní, en cambio, pone el acento en el costo civil de la escalada. Teherán confirmó la primera víctima mortal y varios desaparecidos tras las incursiones de las últimas horas, mientras el gobernador de la provincia de Minab, Mohamad Radmehr, vinculó el episodio a un ataque nocturno contra un buque de carga distinto a los petroleros mencionados por Estados Unidos. Con Ormuz otra vez bajo tensión, el caso deja abierta una advertencia mayor: la distancia entre los comunicados oficiales y el impacto humano de una crisis que continúa agravándose en la región.
