La discusión sobre inteligencia artificial en República Dominicana deja un contraste de fondo: el país aparece como adoptante de tecnologías, pero no como productor del conocimiento que las sostiene. El propio texto advierte que digitalizar empresas, incorporar computadoras en las escuelas o usar aplicaciones con mayor rapidez puede exhibirse como modernización, aunque eso no resuelva la pregunta central sobre quién investiga, desarrolla y crea esas herramientas.
Los datos citados refuerzan esa alerta. El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 otorga al país 44.96 puntos, lo ubica noveno entre 19 naciones y lo coloca en el grupo de Adoptantes. A escala global, el Global AI Index 2026 le asigna 32.5 puntos y la posición 80 entre 190 países. El balance no describe un colapso, pero sí una distancia considerable frente a los países que encabezan el desarrollo de la inteligencia artificial, especialmente cuando la evaluación pasa del uso a la investigación, la innovación, el desarrollo y la incorporación productiva.
Ese desfase entre discurso de avance y capacidad real de producir conocimiento abre una alerta institucional sobre el modelo de desarrollo que se está consolidando. El texto plantea que consumir tecnología es más fácil que producirla, y que utilizar inteligencia artificial no equivale a dominarla. En ese marco, la prioridad pública deja de ser la exhibición de modernidad y pasa a ser la rendición de cuentas sobre resultados concretos: si el país solo compra, descarga y aprende a usar herramientas creadas fuera, la promesa de autonomía tecnológica sigue siendo limitada y la oportunidad de construir capacidades propias continúa pendiente.
