La renuncia formal del diputado por La Vega, Rogelio Alfonso Genao, al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y a sus funciones en los organismos de dirección colocó en primer plano una fractura que el propio legislador atribuye a la falta de liderazgo, la indefinición política y el trato dado a quienes han dedicado años de servicio a la organización. La decisión, comunicada en una carta al presidente del PRSC, Federico Antún Batlle, llega después de 37 años de militancia.
Aunque Genao afirmó que su salida no responde a conflictos personales, sino a diferencias profundas con la conducción actual, su diagnóstico golpea el discurso de cohesión partidaria. En su comunicación, sostuvo que el PRSC atraviesa un estancamiento político por la «tibieza» y la «dejadez» de sus principales dirigentes, y cuestionó que la organización haya optado por la indefinición en vez de asumir posiciones firmes frente a los desafíos del país.
El señalamiento también abre una alerta institucional sobre el estado de una organización con representación en la Cámara de Diputados. Al advertir que el partido no ha logrado conectar con nuevas generaciones ni preservar el valor de sus propios dirigentes, la salida de su vocero reformista refuerza el contraste entre la narrativa partidaria y su realidad interna, en un momento en que la oposición competidora queda bajo mayor escrutinio sobre su capacidad de ofrecer estructura, rumbo y fiscalización efectiva desde la política formal.
