El gremio de centros nocturnos denunció una situación de zozobra tras las clausuras ejecutadas por el COBA, al afirmar que los cierres se han producido antes del horario permitido y pese a que los establecimientos cuentan con documentación en regla.
La denuncia coloca bajo escrutinio la actuación del Gobierno en materia de control y fiscalización, no solo por el impacto económico que alegan los afectados, sino también por la ausencia de una respuesta oficial que aclare los criterios usados para ordenar las clausuras.
Según la pieza publicada, el sector advierte pérdidas de hasta 60 millones de pesos, una cifra que dimensiona el alcance del problema para negocios que dependen de la operación nocturna y que reclaman seguridad jurídica y reglas claras.
En este caso, el punto central no es únicamente la medida de cierre, sino la obligación de las autoridades de explicar por qué actuaron, bajo qué fundamento y qué mecanismos de revisión existen para evitar arbitrariedades. Sin esa información, la acción del COBA queda expuesta a cuestionamientos sobre transparencia, proporcionalidad e impacto económico.
La falta de una versión oficial también deja sin respuesta el reclamo de los establecimientos que aseguran estar al día con su documentación. En un tema de esta naturaleza, la rendición de cuentas es parte esencial de la gestión pública: si hubo infracciones, deben precisarse; si no las hubo, corresponde corregir el procedimiento.
Mientras tanto, el sector insiste en que las clausuras han generado incertidumbre y daños económicos considerables. La discusión ahora pasa por determinar si las autoridades ofrecerán una explicación verificable y si las medidas adoptadas responden a un criterio uniforme o a actuaciones que el gremio considera arbitrarias.
