El monumento a Fray Antón de Montesinos mantiene una carencia que vuelve a someter a examen la gestión del patrimonio histórico: sus salones siguen vacíos y sin uso, mientras la estatua donada por México apenas alcanza para compensar el anonimato casi total del sitio. Esa constatación reaviva una pregunta de fondo sobre por qué un espacio de tanta carga simbólica continúa sin los elementos necesarios para explicar su propósito y acercar su significado a la ciudadanía.
En ese marco, la propuesta de instalar allí un museo de los derechos humanos y un yucayeque taíno aparece como una oportunidad que ha quedado pendiente. Según el texto, esas incorporaciones permitirían sumar rasgos de los orígenes del hoy Centro Histórico que no están presentes en ninguna otra parte y reforzarían la capacidad interpretativa del monumento, además de su proyección universal. El contraste entre el discurso de preservación y la realidad de un recinto subutilizado deja abierta una alerta sobre las prioridades institucionales en torno a la memoria, la educación histórica y el uso del espacio público.
La exigencia gana aún más peso por el significado del Sermón de Adviento pronunciado por Montesinos el 21 de diciembre del 1511, definido como la primera manifestación de protesta, defensa, reclamación, denuncia y recriminación en América contra las autoridades, encomenderos y colonizadores españoles. La controversia que siguió derivó en la creación de una comisión de juristas y en la aprobación de las Leyes de Burgos en diciembre del 1512. Desde esa óptica, mantener inconcluso un monumento asociado a una denuncia histórica contra los abusos del poder refuerza el reclamo de vigilancia, rendición de cuentas y una política cultural que no se quede en la solemnidad simbólica.
