La tragedia del Jet Set, ocurrida la noche del 8 de abril de 2025 durante una presentación de Rubby Pérez en Santo Domingo, terminó convertida en una de las mayores catástrofes no naturales de la historia reciente de República Dominicana. Lo que comenzó como un derrumbe reportado con cifras todavía indeterminadas cerró con un saldo de 236 personas fallecidas y más de 180 heridas, entre ellas figuras como Rubby Pérez, Octavio Dotel, Tony Blanco y la gobernadora de Montecristi, Nelsy Milagros Cruz Martínez.
En las horas posteriores, familiares recorrieron hospitales y centros de salud en busca de información, mientras los equipos de rescate trabajaban entre los escombros y el país seguía en tiempo real la localización de sobrevivientes. La magnitud del hecho obligó a movilizar organismos de emergencia, hospitales y autoridades, pero el paso del tiempo no ha borrado el contraste entre la conmoción nacional de aquellos días y la carga que todavía arrastran las víctimas.
A un año y cuatro meses, el caso sigue marcado por un costo social que va mucho más allá de las lesiones físicas. Sobrevivientes y familiares enfrentan recuerdos traumáticos, ansiedad, miedo a los espacios cerrados, dificultad para dormir y una sensación persistente de que sus vidas cambiaron en segundos. Para quienes perdieron a un ser querido, quedan hogares incompletos, fechas atravesadas por la ausencia y preguntas que, según el propio balance humano de la tragedia, continúan abiertas, un recordatorio de que la dimensión institucional del caso no puede reducirse al impacto inicial ni al recuento de víctimas.
