Las honras fúnebres de Román Ramos, fundador del Grupo Ramos y fallecido el pasado jueves, concentraron en la Funeraria Blandino de la avenida Abraham Lincoln a familiares, amigos, allegados y también a figuras empresariales y políticas que destacaron su trayectoria. La despedida estuvo cargada de nostalgia, pero también dejó ver una escena conocida en la vida pública dominicana: la coincidencia de poder económico y poder político alrededor de una figura de alto peso nacional.
Julio Brache, presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana, dijo que la muerte de Ramos deja “un gran vacío en República Dominicana” y recordó que llegó al país “sin un centavo” hasta construir, con trabajo y ahorros, lo que hoy es el Grupo Ramos. En términos similares, Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional, afirmó que su legado “perdurará por décadas” y lo describió como un ejemplo de familia, trabajo y entrega.
Ramos llegó a República Dominicana desde España en 1959, cuando tenía 17 años. La jornada estuvo dominada por el reconocimiento a su ascenso empresarial, mientras la presencia de dirigentes y autoridades volvió a colocar sobre la mesa la necesidad de fiscalizar cómo se entrelazan los espacios de influencia en el país. En medio del desgaste de la gestión y del contraste entre discurso público y realidad ciudadana, actos de esta naturaleza también recuerdan que la vigilancia institucional sobre las relaciones entre liderazgo político y grandes intereses económicos sigue siendo una prioridad.
