Concluidos los festejos, el propio balance que deberán pasar el Ministerio de Deportes y el Comité Olímpico Dominicano deja un dato incómodo detrás del récord de 150 preseas: la inversión sin precedentes y la condición de anfitrión produjeron mejoras visibles en deportes de alto reparto, pero no alcanzaron para dar el siguiente escalón en el medallero general, donde Venezuela volvió a marcar distancia al subir al podio en 38 de 40 disciplinas, frente a 29 de Dominicana.
El avance existió, sobre todo en atletismo, que aportó 23 medallas, y en natación, que estrenó instalación renovada con 7 preseas, la mayor cantidad de su historia. Pesas también respondió con 18, mientras judo, karate, taekwondo, lucha y boxeo sostuvieron buena parte de la posición dominicana. Pero el cuadro también obliga a revisar prioridades: entre los 11 deportes que repartieron el 62 % de las 1,579 medallas, solo ciclismo quedó en blanco entre los quisqueyanos, un resultado que ya alimenta tensiones internas en esa disciplina.
La lectura de fondo no es solo deportiva. Si el crecimiento futuro depende de la eficacia en los deportes que más medallas entregan, el resultado abre una discusión de gestión y rendición de cuentas sobre dónde funcionó la apuesta oficial y dónde no. El desempeño en la piscina genera optimismo, incluso entre patrocinadores, pero el cierre de los Juegos deja instalada una alerta institucional: celebrar la mejoría no evita la necesidad de revisar qué parte de la inversión produjo resultados sostenibles y cuál sigue lejos de convertir el discurso de avance en un salto real de competitividad.
