Miguel Ángel Encarnación fue parte de la jornada en la que el boxeo dominicano ganó siete medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, pero su propio relato colocó el foco en una realidad menos triunfalista: el camino al título estuvo marcado por años de trabajo sin recursos suficientes para entrenar al nivel de sus rivales.
El campeón de los 65 kilogramos dijo sentirse orgulloso de representar al país y atribuyó el resultado a «mucho de años de experiencia e insistencia». También recordó que entró a la selección nacional a los 15 años y que, ahora con 21, tuvo que foguearse «contra los mejores» aun sin contar con las condiciones necesarias. Su testimonio introduce un contraste entre la celebración del resultado y las limitaciones que, según describió, acompañaron su desarrollo hasta llegar al oro.
Oriundo de Sábana Grande de Boyá, Encarnación definió su logro como fruto del «esfuerzo, sacrificio y disciplina». En una victoria que enaltece al deporte dominicano, sus palabras también dejan abierta una alerta sobre la necesidad de vigilancia y rendición de cuentas en la gestión deportiva: cuando el éxito depende de sobreponerse a la falta de recursos, el resultado no borra la deuda con los atletas ni el costo que esa precariedad impone antes de subir al podio.
